DE MIL TUMORES

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¡Por fin somos pioneros en algo! Hemos sido el primer país del mundo con un vecino con más de dos mil tumores a lo largo de su cuerpo. Y ahí sigue: con dos cojones. ¡Je suis Paco Sanz! Hablamos mucho sobre los habitantes de los Estados Unidos de América. “¡Están todos locos!”, se escucha en el eco cada vez que se menciona alguna noticia sobre U.S.A.; pero creo que no nos damos cuenta que en la proporción gilipollas – humanos, somos completamente líderes en la escala Sálvame Deluxe. Cuenta la leyenda que existía un español, allá por un pueblo de Burgos, que no era morcillón; pero murió al no saber robarle dinero a sus conciudadanos.

No nos engañemos. Paco Sanz es el producto de ti, de mí y de todo un país que toma la mendicidad y a lo que la sinvergonzonería llama picardía, para vivir sin dar un palo al agua defraudando a los demás. Hemos hecho de la pena, del engaño, de la falta de escrúpulos y del señalar a todos- menos a nosotros mismos- de cualquier mal que nos ocurra, un deporte nacional en el que siempre pierden los mismos: los que pagan sus impuestos, los que rinden minuciosamente con sus deberes y sus labores y los que exprimen hasta su último céntimo ante Hacienda para que los Pujol, Bárcenas y compañía se los lleven en sobrecitos cerrados hasta Andorra, Suiza o Panamá.

De mil tumores, cantaba Rosario Flores, o algo parecido. Y después tiene la desfachatez de considerarse la víctima de un sistema que cada vez garantiza menos las pensiones, las becas, la Seguridad Social y hasta el aire que respiramos. Pero la culpa es de Rajoy, o de Zapatero, normalmente, incluso, hasta de Franco. También hay quien culpa a E.T.A., a Maduro o a esos inmigrantes que llegan en patera para huir de una Guerra Civil y poder ganarse aquí la vida vendiendo en un semáforo. ¡Qué más da! ¡La culpa es de todos! De todos, menos mía. Que yo soy un hombre honrado. Porque quitando que al mecánico, al fontanero y al albañil les pago en negro; que todo mi patrimonio está inscrito a nombre de mi mujer para que a mí no puedan sancionarme; que tengo tres pisos de V.P.O. arrendados antes de que la ley me lo permita; que me descargo las películas y los libros por Internet; y que mi declaración de la renta todos los años me sale a devolver; yo siempre cumplo escrupulosamente con todas mis obligaciones con mis compatriotas. ¡Viva España, hombre ya!

Y, ahora, dejo de escribir, que trinqué dos semanas de baja por depresión para poder irme con mi esposa de viaje a Nueva York y hoy es mi primer día de nuevo en el trabajo. Y por allí viene el jefe, y como me pille sin trabajar, este cabrón encima es capaz incluso de despedirme… ¡Malditos explotadores!

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